lunes, 21 de noviembre de 2016

Prostitución y judaísmo

Prostitución y judaísmo
La prostitución se refiere al intercambio de favores sexuales a cambio de dinero o bienes. Es una práctica tradicionalmente condenada en casi todas las sociedades, aunque algunas de ellas, como la judía, la permiten con regulaciones.
La prostitución puede ser ejercida tanto por hombres como por mujeres, aunque es numéricamente más común en mujeres. Cuando la mujer o niña es forzada a la prostitución contra su voluntad se conoce como trata de blancas.
La prostitución masculina usualmente se encuentra relacionada con la homosexualidad. La mayoría de prostitutos hombres suelen prostituirse con otros hombres, aunque también existen los que atienden mujeres llamados gigolós. La prostitución también es muy común entre los travestis y transexuales.
La prostitución en general contrae diferentes problemas sociales incluyendo adicciones a drogas, violencia, crimen, desintegración familiar y transmisión de enfermedades venéreas.
Según el libro del judío brasileño Marc Raizman escrito tanto en portugués como en yidish, Judería brasileña, una historia concisa, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX los judíos manejaban una red internacional de prostitución y administraban muchos burdeles. El proxenetismo era una de las muchas labores normalmente asociadas a los judíos al lado de la usura. Muchas mujeres judías ejercían también como prostitutas, pues lo más común era que los judíos enrolaran mujeres judías.
Llegamos a un período muy sórdido de la historia judía. A finales del siglo XIX y principios del XX, los judíos controlaban el comercio y la trata de blancas, que es una forma cordial de decir prostitución. Y lo hacían a nivel mundial, historiadores reputados aseguran que los judíos dirigían burdeles en Shangai, India, Turquía, Argentina, Brasil y Nueva York.

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