domingo, 25 de junio de 2017

Movimiento activista pedófilo

Movimiento activista pedófilo

En 1989, la socióloga estadounidense Mary de Young analizó la literatura publicada por organizaciones pedófilas para divulgación pública. Ella descubrió que las organizaciones pedófilas estudiadas usaban las siguientes estrategias para promover la aceptación pública de la pedofilia o la legalización del sexo adulto-niño:

Adopción de terminología con valor neutral. Según Herdt, un antropólogo que ha estudiado el sexo entre los adultos y los niños en otras culturas, los defensores de la pedofilia necesitan sustituir términos “embotados y anticuados” como pedofilia y abuso cuando se discute de sexo entre “una persona que no ha alcanzado la edad adulta y una que ya la tiene”. Por otra parte, las palabras que incluyen términos como “niño” o “niñez”, que denotan el desarrollo psicológico deben “ser evitadas a toda costa”.

Redefinición del término "Abuso sexual infantil". Otro tema que se repite entre los que intentan ganar la aceptación social para la pedofilia es la necesidad de redefinir o restringir el uso del término “abuso sexual de un niño”, recomendando llamar sexo infante-adulto al encuentro de un niño “con reacciones positivas” en vez de abuso.(Rind et al, 1998). Por ejemplo, Gerald Jones (1990), vinculado al Instituto para el Estudio de Mujeres y Hombres en Sociedad (Institute for the Study of Women and Men in Society) en la Universidad del Sur de California, sugirió que la “intimidad entre las generaciones” no debe ser considerada sinónimo de abuso sexual del niño. Según ello, la “diferencia crucial se basa en la reciprocidad y el control” (p.278). Jones sugirió que “la atracción entre generaciones de la parte de algunos adultos podría constituir “orientación (sexual)” basada en un estilo de vida, al contrario de un trastorno patológico” (p.288).

Promover la idea de que los niños pueden consentir el sexo con adultos. El concepto de 'niño' como pareja sexual junto con la descriminalización de relaciones sexuales consensuales es quizás el cambio principal buscado por los defensores del fenómeno. Para contradecir las discusiones de desarrollo de que los niños no pueden dar su consentimiento, David L. Riegel (2000) indica en su libro Understanding Loved Boys and Boylovers que “cualquier persona que sostenga la idea de que un muchacho joven no puede dar consentimiento alguno debe comenzar por ponerse en los zapatos del muchacho”.



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